Tabarca II: una noche en la isla
- Elena Castillo Sánchez-Pastor

- 30 jun 2025
- 3 Min. de lectura

Junio es el mes en el que la costa no está masificada y, a la vez, ya se puede disfrutar de un buen baño, lo que lo convierte en las fechas ideales para visitar fenómenos turísticos de playa como Tabarca. Después de mi primera visita de un día, decidí volver para pasar una noche en Tabarca y ver, escuchar y vivir la esencia de la isla, lo queda cuando se desvanece el alboroto diurno. Llegamos a Tabarca a las 18 de la tarde, con la última barca, que iba prácticamente vacía. Las casitas, las playas rocosas y la iglesia, situada al borde de la muralla, bien podrían ser el escenario de un cuadro de Sorolla. Cuando los visitantes se marchan, la paz lo envuelve todo después del trajín diario, los abuelos se sientan a charlar en la puerta de la Cofradía de Pescadores y los gatos salen a pasear de sus escondrijos. La brisa por fin se puede escuchar después de toda una jornada de alboroto turístico. El alojamiento, sencillito. Una habitación en una planta baja, sin ningún lujo. Pero, ¿para qué más, si el plan era dar tumbos por la isla buscando las mejores vistas nocturnas? Ver cómo anochece en la costa alicantina desde la Puerta de la Trancada, acompañada del sonido de las olas y de una neverita con cervezas, es de las experiencias más bonitas que he vivido.

Por la mañana, Tabarca se despereza lentamente. Aprovechamos para darle la vuelta a la isla, a toda la parte este. Una zona con arbustos bajos que dibujan el paisaje de la isla al son de las estaciones del año: de prado verde a secarral tórrido. Es curioso llegar hasta el cementerio y echar un vistazo a los nombres de los que allí descansan. El visitante se dará cuenta de que hay apellidos poco frecuentes que se repiten en las lápidas, y es que son característicos de las familias de la isla, la mayoría de origen genovés.

Para comer, le di un descanso a mi querida neverita y reservamos en Casa Gloria. Una experiencia estupenda, ingredientes de primera y atención impecable. También tuve la ocasión de probar las ostras por primera vez. Fue en un bar de nombre imposible: Idus de Marzo Taberna Engañosa. Sin ser experta en ostras, puedo decir que el bicho me gustó, así como el vino que lo acompañaba. A la hora de escoger el sitio para comer, recomiendo investigar con antelación, leer opiniones y reservar. Sentarte en el primer sitio que pilles me parece algo arriesgado en Tabarca: puede que no haya sitio, que sea caro y que la experiencia no sea del todo satisfactoria. Recordemos que la isla llega a recibir al día a más de 5000 visitantes en temporada alta. Desde luego, no es un número fácil de manejar para los hosteleros.


Si tenéis curiosidad por la isla de Tabarca, cosa que no me extrañaría, os invito a indagar más sobre su historia, sus miserias, sus gentes y su situación turística actual. Entre todo ello, encontraréis episodios y datos fascinantes, como cuando el multimillonario Aristóteles Onassis quiso comprar la isla o como que ostenta el título de ser el primer Paraje Starlight de Alicante. Una isla que no dejará de sorprenderos.
Para documentar la parte histórica de este artículo me he apoyado en la extensísima información sobre Tabarca que hay en este blog: http://lafogueradetabarca.blogspot.com/




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