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Tabarca I: el origen de un fenómeno turístico

  • Foto del escritor: Elena Castillo Sánchez-Pastor
    Elena Castillo Sánchez-Pastor
  • 16 jun 2025
  • 3 Min. de lectura
dibujo encabezado tabarca

Donde se ponga una buena isla, que se quite todo lo demás. Las islas me causan cierta fascinación y creo que es un fenómeno más común de lo que yo pensaba. La limitación en el espacio, la presencia del mar vayas donde vayas, los faros, la idiosincrasia y la manera histórica de relacionarse con otros pueblos es lo que me suele atrapar. Y si, además, hablamos de Tabarca, la isla habitada más pequeña de España y la única de la Comunidad Valenciana, no puedo pedir más.

puerta entrada tabarca

Ni los romanos ni los árabes establecieron allí ningún asentamiento durante su paso por esta tierra. O, al menos, no hay evidencias de ello. El rey Carlos III y el Conde de Aranda deberían haberse preguntado por qué antes de enviar allí en 1769 a los excautivos genoveses de la isla tunecina de Tabarka. Su objetivo era fundar un asentamiento poblado para evitar que la Isla Plana se convirtiera en base de operaciones de los corsarios berberiscos, que por aquel entonces arrasaban las costas de Valencia y Alicante. Aquel fue el origen de Tabarca. El sustento de la mayoría de familias era la pesca, sus peores enemigos eran los temporales, y su condena era la falta de agua potable. Esto último (¡el agua corriente no llegó hasta el 1984!), agravado por una cierta dejadez histórica por parte de las autoridades, ha marcado la historia de los habitantes de la isla. Se trata de una población que ha ido aumentando y disminuyendo en función de las vicisitudes, llegando a superar los 1000 por arriba y a rozar los 50 por abajo.

playa tabarca costa al fondo

La primera vez que fui a Tabarca llegué llorando de la risa. Nos subimos a una lancha rápida que partía desde Santa Pola. El trayecto, en pleno agosto, fue la mar de divertido y la mitad de los viajeros llegamos allí empapados por las salpicaduras de la travesía. Como el mar, a la hora de mojar, no distingue entre niños, influencers o jubilados, el panorama era bastante gracioso. Por eso, la primera vez que puse un pie en Tabarca, me caían lagrimones de las carcajadas. En este punto he de decir que hay embarcaciones de todos los tamaños, por si alguien prefiere llegar seco, aunque yo, sin duda, repetiría.

Desembarcamos entre hordas de turistas. La neverita, la sombrilla, la crema solar y las gafas de bucear venían conmigo. Pasamos una jornada estupenda de cala en cala, entre aguas cristalinas, peces y alguna que otra foto. Completamos el día con un paseo exprés por el pueblo amurallado que me sorprendió muy gratamente y volvimos al muelle atestado de turistas para regresar a la península.

puerto de tabarca

Es increíble la cantidad de personas que llegan allí cada día en verano. Una auténtica estampida diaria. Una dinámica que ha llevado a plantearse la gestión turística de la isla y a dónde les va a llevar. Pocos residentes, menos alojamientos, muchos restaurantes, recursos limitados y turistas exigentes, que quieren pasar un día bueno, bonito y barato. Tabarca se ha convertido en una esclava del turismo, un museo en sí misma, donde me figuro que apenas vivirán personas que no se dediquen al sector servicios, si es que las hay. Y, ¿qué pasa en temporada baja? No hay colegio, no hay niños, no hay médico. Es la pescadilla que se muerde la cola: sin servicios básicos, es difícil que la población aumente y, si la población no aumenta, es difícil que haya servicios básicos.

Me fui de allí dándole vueltas al asunto y decidí que quería volver para hacerlo todo al revés. Llegué un lunes de junio por la tarde y pasé una noche allí. Ay, aquello fue otra cosa. Te lo cuento en la segunda parte.

 
 
 

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