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Cracovia III: las minas de sal de Wieliczka

  • Foto del escritor: Elena Castillo Sánchez-Pastor
    Elena Castillo Sánchez-Pastor
  • 30 mar 2025
  • 3 Min. de lectura
encabezado dibujo cracovia mina de sal

La gente de la UNESCO que decide qué es Patrimonio de la Humanidad tuvo buen ojo al incluir en la primera lista de 1978 el centro histórico de Cracovia y las minas de sal de Wieliczka. Seguramente lo propondría alguien como yo, que visitó la ciudad y no se la pudo quitar de la cabeza en semanas.

Las minas se encuentran en Wieliczka, una ciudad dentro del área metropolitana de Cracovia a la que se puede llegar en transporte público. Al llegar y dirigirse a la entrada, llena de puestecitos para comprarse un café o unos souvenirs, el visitante no es consciente de que la tierra que hay bajo sus pies está hueca. De que está caminando sobre un hormiguero gigante de más de 300 kilómetros de túneles y cámaras excavados en sal hasta los 325 metros de profundidad, que contienen lagos, esculturas, obras de arte e iglesias. Ya os aviso de que, por mucho que narre a continuación, no me va a ser posible poner por escrito la sensación de estar allí dentro.

Merece la pena pagar la entrada, aunque un poco cara, porque el lugar es impresionante. Las minas solo se pueden visitar con guía por lo peligroso y laberíntico del sitio. Antes de bajar, cuando te explican la importancia de no perder de vista al grupo, puede parecer algo exagerado, pero una vez desciendes, llegas a pensar que se han quedado cortos. El principio ya promete: bajar a pie 300 escalones por unas escaleras de madera que se adentran en las profundidades. Después, la visita continúa caminando durante casi 3 horas, en horizontal y en vertical, por túneles y peldaños, a través de 3,5 kilómetros hasta llegar a los 135 m de profundidad. Aunque pueda sonar claustrofóbico, no lo es. Los túneles son amplios, están iluminados, se notan las corrientes de aire y las salas son sorprendentemente grandes.

Todo el recorrido está repleto de maravillas. Hay esculturas de sal que cuentan leyendas sobre el yacimiento y la creación de las minas, hay réplicas de la maquinaria que tiraban los caballos de la mina, que murieron sin ver la luz del sol, y hay capillas e iglesias repartidas por todo el recorrido, entre las que cabe destacar la capilla de Santa Kinga, la iglesia subterránea más grande del mundo. Sus relieves, el altar y las lámparas de araña están tallados en sal. De hecho, los suelos que pisa el visitante y las paredes de los túneles son de sal y se pueden probar. Le puedes dar un lametón a la pared. No te pasa nada, simplemente está salada.

capilla santa kinga Wieliczka cracovia
La Capilla de Santa Kinga, la iglesia subterránea más grande del mundo
ultima cena minas de sal Wieliczka cracovia
Fresco de la última cena tallado en sal en Santa Kinga

Por si todo esto fuera poco, el laberinto esconde más sorpresas: una de las cámaras a 100 m de profundidad tiene wifi, hay un restaurante subterráneo, una tienda donde se venden figuritas y productos cosméticos hechos de (¡sorpresa!) sal, una sala donde se celebran conciertos y banquetes de boda, un museo y ¡un balneario! Por lo visto, el microclima que se respira en la mina es beneficioso para las vías respiratorias y la salud de la piel por la elevada concentración de cloruro de sodio, magnesio, manganeso y calcio, por la humedad, la pureza bacteriológica y no sé qué más. El balneario no se visita en el trayecto turístico común, pero las fotos son increíbles y me parece delirante que puedas ir al fisio a metros bajo tierra.

La última sorpresa es un ascensor minúsculo en el que embuten a 9 personas para sacarnos de las profundidades en 45 segundos. Debo decir que, a pesar de no padecer nada cercano a la claustrofobia, en este tramo me puse un poco nerviosa y hay gente que lo pasa mal. Si piensas sobre cuántos metros de caída está suspendida la cabina de hierro en la que te encuentras, es normal que te den escalofríos, pero al fin y al cabo, ¿qué otra opción tienes? El trago pasa rápido y, al salir del ascensor y del edificio, la luz del día te envuelve como si llevaras décadas bajo tierra.

 
 
 

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